La Sauceda y el Marrufo

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Aspiramos a que nuestra Red de Senderos se identifique por el pictograma de la serpiente senderista.

Nuestra serpiente se enrosca nerviosa dispuesta a tomar el sendero. Nuestra serpiente – cabeza en flecha – simboliza la sabiduría, la perfección y el dinamismo. Se trata de un símbolo universal de la naturaleza. Serpiente prudente y sutil, como la buena senderista. Serpiente – mujer, que representa el paganismo, la libertad de acción y el alma que se reencarna.

El genocidio de La Sauceda y El Marrufo

La Sauceda es un pueblo de la provincia de Málaga en el parque natural de Los Alcornocales, borrado del mapa por la represión franquista en 1936. Y El Marrufo, un cortijo convertido en campo de concentración donde estuvieron presos, eran torturados y asesinados los supervivientes del bombardeo y destrucción de La Sauceda.

Seis meses antes de que Guernica fuese masacrada por la aviación alemana y el ejército franquista, este pueblo de la sierra donde confluyen las provincias de Cádiz y Málaga fue bombardeado por la aviación fascista y arrasado por cuatro columnas del ejército sublevado. Era 1 de noviembre de 1936. Tras las bombas de los aviones llegaron las tropas, que robaron en todas las casas y luego las incendiaron. Caía el último bastión republicano de la zona y desaparecía para siempre un pueblo con siglos de historia.

Los investigadores cifran en 60.000 las personas asesinadas por las tropas franquistas en tapias, muros o cunetas junto a las carreteras en Andalucía. Hombres, mujeres, ancianos y niños, todos inocentes e indefensos, fueron víctimas del terror fascista en todos y cada uno de los pueblos andaluces. En La Sauceda también, pero este pueblo, además, tiene el triste privilegio de haber sido aniquilado para siempre por los sublevados contra la democracia. Destruido el pueblo, los habitantes que no pudieron huir, mujeres y niños incluidos, fueron detenidos y trasladados al vecino cortijo de El Marrufo, en el término de Jerez, donde sufrieron la contundencia de la represión.

Hoy, como ayer, El Marrufo es un cortijo que tiene en explotación cerca de 800 hectáreas de tierras de pastos, cultivos y bosques. En 1936 pertenecía a una familia jerezana que tenía otras muchas propiedades en la provincia de Cádiz, los Guerrero, dueños de 32 fincas que sumaban un total de 6.140 hectáreas. El Marrufo tenía una pequeña capilla, una enorme casa señorial y varias naves para cuadras y almacenes que se convirtieron en el sitio donde fueron encerrados los supervivientes de La Sauceda.

Cuando el 18 de julio se produjo el golpe de Estado, Cortes de la Frontera, Ubrique y todo el valle de La Sauceda, incluidos los habitantes de El Marrufo, permanecieron fieles a la República. La familia Guerrero se quedó en Jerez, donde los sublevados triunfaron el mismo día del levantamiento y emprendieron una sangrienta represión.

Fernando Sigler, en su libro La Sauceda y el Marrufo, de la resistencia republicana a la represión franquista, explica que los trabajadores del Marrufo decidieron explotar la finca de manera colectiva y organizarse para regular todos los aspectos de su vida laboral y social. Constituyeron también el comité de defensa del Marrufo, organismo que estaba en contacto con los vecinos comités de La Sauceda, de Ubrique, o de Jimena, para hacer frente al avance de las tropas fascistas. Esa voluntad de resistencia fue efectiva hasta el 31 de octubre de 1936, cuando ya todos los pueblos de alrededor habían caído en manos de los sublevados.

El 31 de octubre de 1936, los franquistas que ocuparon el valle de La Sauceda derrotaron a los jornaleros y milicianos que les resistieron en El Marrufo. Instalaron en él su cuartel general, encerraron en las naves a los supervivientes del bombardeo de La Sauceda y exigieron a todos los habitantes de la comarca que se presentasen allí ante las nuevas autoridades. El Marrufo se convirtió entonces en un centro de detención, tortura y asesinatos donde los sublevados pusieron en práctica su plan de exterminio contra los llamados desafectos al nuevo régimen.

En La Sauceda y El Marrufo las tropas franquistas asesinaron entre 300 y 600 personas entre noviembre de 1936 y marzo de 1937, según los historiadores. José Robles, que llegaría a teniente de la Guardia Civil, se convirtió en un personaje clave en la terrible historia del Marrufo, pues, según supervivientes de la represión, era él quien cada tarde elaboraba una lista de las personas que a la mañana siguiente, a la hora del amanecer, iban a ser fusiladas en un descampado del cortijo.

Las naves, almacenes y cuadras del cortijo eran los dormitorios de los hombres detenidos y las mujeres y los niños descansaban en la capilla. Todo el recinto estaba vigilado por tropas del ejército y guardias civiles. Era frecuente también la presencia de falangistas, que participaban en los fusilamientos. Los detenidos que iban a ser ejecutados sin juicio previo y sin ningún tipo de procedimiento judicial cavaban antes su propia tumba. Otros presos venían luego, arrojaban los cuerpos al hoyo y los cubrían de tierra. La dureza del terreno impedía que las tumbas fueran muy profundas, de ahí que los días de mucha lluvia aparecieran desenterrados algunos cadáveres.

El investigador Carlos Perales recogió algunos testimonios de supervivientes que afirman que vieron a jabalíes con trozos de cadáveres en sus fauces. Perales también recogió testimonios que aseguran que a las mujeres, antes de fusilarlas las torturaban y las violaban. Los asesinados no sólo eran habitantes de La Sauceda, pues a este lugar habían huido personas otros muchos pueblos de la sierra y del resto de la provincia de Cádiz huyendo de la represión franquista. Allí se habían refugiado vecinos de Ubrique, Algar, San José del Valle, Jimena de la Frontera, Alcalá de los Gazules, Cortes de la Frontera y las pedanías jerezanas del Mimbral y Tempul, fundamentalmente.

El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo en La Sauceda y El Marrufo (Afresama) llevaron a cabo, con la ayuda económica de un familiar de dos de los asesinados en La Sauceda en 1936, una campaña arqueológica en el verano de 2012.

Un equipo de arqueólogos, forenses, historiadores, topógrafos, peones especializados y voluntarios trabajaron científicamente para recuperar los cuerpos de las personas asesinadas y enterradas en una zona del cortijo donde los testimonios de algunos supervivientes señalaban que podían existir algunas fosas comunes con restos de personas fusiladas. La campaña comenzó el 2 de julio de 2012 y acabó el 9 de octubre del mismo año.

Los arqueólogos pudieron localizar y documentar un total de siete fosas comunes, cinco de ellas colectivas y dos individuales. Los antropólogos físicos dirigieron los trabajos para la extracción y recuperación de los 28 cuerpos hallados, cinco de ellos de mujeres y 23 de hombres. Asociados a estos cuerpos, se recuperaron una gran cantidad de objetos personales, balas, proyectiles y alambres con los que muchos habían tendido las manos atadas.

El proyecto de exhumación estuvo coordinado por Andrés Rebolledo Barreno, presidente de la asociación de familiares. El equipo técnico lo formaron Jesús Román, coordinador de las actuaciones arqueológicas; Juan Manuel Guijo, responsable del estudio antropológico físico; Manuel Castro Rodríguez, responsable de los trabajos topográficos; y Fernando Sígler Silvera, coordinador de las investigaciones históricas.

Buena parte de los cadáveres exhumados presentaban orificios causados por impacto de proyectil en los cráneos o fracturas con minutas, fracturas en la que el hueso o una parte de él quedan reducidos a fragmentos o esquirlas, y algunos aparecieron con alambres alrededor de las muñecas, señal de que habían estado atados antes de ser asesinados.

Los signos de la violencia ejercida sobre ellos, el depósito colectivo de sus cuerpos en un enterramiento no convencional, la voluntad de ocultarlos, la clandestinidad con que se hicieron las ejecuciones para asegurar la impunidad de los crímenes, la motivación política de sus asesinos…Todo ello permite asegurar que en El Marrufo hubo un verdadero genocidio. La Justicia española mira para otro lado y archiva la denuncia.

Con toda esta información disponible, en el verano de 2012, Afresama interpuso ante el juzgado de Instrucción Número 2 de Jerez de la Frontera una denuncia. La asociación de familiares entendía y sigue considerando que allí se cometieron delitos de desaparición forzosa, detención, torturas y asesinatos en el marco de crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y crímenes contra la paz y la seguridad internacional, todos perpetrados contra la población civil indefensa por motivos políticos e ideológicos, en el contexto de la insurrección armada contra el Gobierno legítimo de la República. El juzgado dictó el archivo de la causa, cosa que la abogada de la asociación, Rocío Mendoza, recurrió ante la Audiencia Provincial, que así mismo archivó el caso.

Foro y Afresama, en vista del carpetazo judicial a sus demandas, decidieron acogerse a la querella que en Argentina tramita la jueza María Servini contra los crímenes del franquismo cometidos entre julio de 1936 y junio de 1977. El 1 de diciembre de 2012 los restos de las 28 personas recobrados en la exhumación recibieron sepultura en el cementerio de La Sauceda, también rehabilitado dentro del proyecto impulsado por la asociación de familiares de represaliados. El cementerio, que llevaba décadas abandonado, comido por la maleza y en estado ruinoso, fue completamente reformado por un grupo de albañiles en el verano de 2012.

Trece de las veintiocho personas cuyos restos fueron exhumados lograron ser identificadas en 2014. Esta identificación fue posible gracias a los análisis del ADN sacado de sus restos óseos y su comparación con el ADN de las muestras de saliva tomadas a las distintas personas de las familias con antepasados desaparecidos en La Sauceda que se pudieron localizar.

Las familias de las trece personas cuyos restos fueron identificados recibieron con gran satisfacción la noticia, que puso un poco de paz y sosiego en unas vidas marcadas por la tragedia y la pérdida a edades muy tempranas de seres queridos: padres, madres, abuelos, hermanos o tíos que fueron asesinados por el simple delito de haber permanecido fieles al Gobierno legítimo de la República.

Casi todos ellos eran trabajadores del campo, pequeños campesinos, carboneros o ganaderos; uno de ellos era cartero y otro comerciante. Saber cuáles son y dónde están los huesos de nuestros antepasados no elimina tanto sufrimiento vivido, pero consuela y quita la incertidumbre sobre su paradero. Rescatados los cadáveres, aún queda mucho para lograr la verdad, la justicia y la reparación, que son los objetivos del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo en La Sauceda y el Marrufo.

En esta lucha seguimos. Para ellos contamos con la Casa de la Memoria La Sauceda, abierta al público en 2016 en Jimena de la Frontera. Explicamos en ella de manera muy didáctica la historia de La Sauceda y El Marrufo. No olvidar jamás todo el sufrimiento que el fascismo trajo a nuestro pueblo y promocionar los valores de libertad, igualdad y fraternidad son sus objetivos fundamentales.

LA BELLEZA TRÁGICA DE LA SAUCEDA

Miles de personas visitan cada año el valle de La Sauceda, un enclave donde confluyen por el norte las provincias de Cádiz y Málaga y los términos municipales de Jerez, Cortes, Alcalá de los Gazules y Jimena. La enorme belleza de sus paisajes serranos y boscosos atrae a senderistas, turistas, amantes de la naturaleza y personas de todas las edades que admiran sus valores ambientales. Pero pocos visitantes conocen la historia trágica del lugar.

Enclavada en un triángulo serrano y montañoso, La Sauceda era, desde tiempos muy antiguos, un poblado de casas y chozas diseminadas bajo el manto de los bosques que pueblan la serranía. Desde los años ochenta del siglo pasado existe aquí, en el kilómetro 24,5 de la carretera CA-8201 que une Jimena con Puerto Galis, un área recreativa que atrae a numerosos turistas, senderistas y amigos de la naturaleza que en la primera visita quedan seducidos por la belleza del lugar.

Entre bosques de alcornoques y robles, bajan varios arroyos desde las cumbres de la sierra del Alijbe, auténtica muralla coronada por grandes tajos de arenisca que separa el valle de La Sauceda del término municipal de Alcalá de los Gazules. Las aguas que bajan hacia el valle forman a su alrededor el llamado bosque de galería, con vegetación siempre verde de helechos, laurel, alisos, durillos, rododendros y otras especies de la llamada laurisilva.
Al llegar a la zona central del poblado, las aguas se remansan y sirven de abrevadero para corzos, venados, zorros, jabalíes, meloncillos, ginetas o comadrejas. Los buitres leonados vigilan siempre desde el cielo y los arrendajos gritan cuando advierten la presencia de los humanos poniendo en tensión al resto de la fauna. El cuco suena en las mañanas de primavera y en agosto se puede oír a los abejarucos que vuelan bajo, camino del Estrecho para volver a África.

Toda esta fauna habita uno de las zonas de más alto valor ecológico y paisajístico englobada en el parque natural de Los Alcornocales, un espacio protegido de 170.000 hectáreas que atraviesa de sur a norte la provincia de Cádiz y que aquí se mete en la de Málaga. Pequeños caserones de piedra techados con losa o brezo se reparten en las sucesivas terrazas del terreno alrededor de uno de los arroyos. Son los refugios de montañas que hoy se distribuyen por lo que fue el núcleo del poblado y están levantados sobre las ruinas de las casas del pueblo que en 1936 fueron destruidas por las bombas de la aviación y el y el fuego del ejército franquista. Pero esta historia la contamos más adelante.

Actualmente el ayuntamiento de Cortes gestiona el área recreativa de un lugar privilegiado para descansar, desconectar, o lanzarse a la aventura del senderismo y del conocimiento de la naturaleza en su estado más hermoso. Además de refugios de montaña para el alojamiento de tres hasta catorce personas, el área recreativa dispone de una cocina, varias zonas de barbacoas, un comedor al aire libre, fuentes de agua potable, aseos y duchas, un servicio de transporte de equipajes y personas, una tienda y suministro de leña, hielo y carbón.

Existe también un edificio para la recepción de visitantes y un salón social para todo tipo de actividades. Los responsables del área también organizan para los visitantes rutas de senderismo, de bicicleta de montaña y excursiones para la observación de aves y para hacer fotografías de naturaleza. Una de las excursiones más atractivas es la subida al pico del Aljibe, que con sus 1.092 metros es el más alto de todos Los Alcornocales. En un día claro de viento de poniente o de norte, desde allí se puede ver casi toda la provincia de Cádiz. Es posible observar como lejanas manchas blancas las ciudades de Jerez, Cádiz o Vejer, pero también San Roque, el peñón de Gibraltar, o el castillo de Castellar recortándose sobre una cresta al sur de la serranía.

Texto de Juan Miguel León Moriche
Algeciras

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AN.ca-01   

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El genocidio de La Sauceda y El Marrufo

Recorrido:  

Desde el aparcamiento principal donde está ubicado el monolito de Lugar de Memoria del Valle de la Sauceda, por los episodios de represión ocurridos allí tras el golpe de estado, se inicia el recorrido. Su duración puede ser de unas tres horas si lo haces completo. Es un recorrido señalizado de dificultad media que va desde este punto inicial hasta el lugar de las cabañas donde están las viviendas originales y reconstruidas del poblado que fue destruido por el bombardeo de la aviación franquista. Algunas casas fueron rehabilitadas en los años 80 del siglo XX para alquiler de turismo rural. El sendero llega luego al punto central y centro neurálgico de La Sauceda, donde se ubican los restos de la ermita, que durante la guerra fue sede del comité de defensa de La Sauceda, y el horno comunitario.
El sendero continúa hasta el barrio denominado del Moral, un grupo de casas más metido sierra arriba, donde en su recorrido vas viendo todas las viviendas abandonadas y destruidas por el paso del tiempo. En  este punto del moral te encuentras con una laguna natural pequeña de gran belleza.
El recorrido se completa con la visita al cementerio del poblado que está carretera abajo. El cementerio de La Sauceda fue rehabilitado en 2012 como lugar de memoria para depositar los 28 cuerpos de hombres y mujeres rescatados en la exhumación del Marrufo.
Si vas desde Jimena de la Frontera te lo encuentras a la derecha, 400 metros antes de llegar al aparcamiento cercano a la entrada al punto de información, y si vienes de la otra dirección (Alcalá de los Gazules  Ubrique y Cortes), está a la izquierda pasados 400 metros después del aparcamiento.
Desde La Sauceda se puede también subir al pico del Aljibe, de 1.091 metros, que es el pico más alto del parque de Los Alcornocales desde donde se disfrutan unas magníficas vistas de toda la provincia de Cádiz y parte de la de Málaga: Gibraltar al Sur y Jerez o Cádiz al norte.


Fechas:  

La Casa de la Memoria organiza la ruta a los restos de La Sauceda y al cementerio previa petición

Organización(es):  

Casa de la Memoria de La Sauceda
calle Sevilla 53
11330 Jimena de la Frontera (Cádiz)

Contacto:  

Andrés Rebolledo Barreno 

email:  

Teléfono:

956640998

Página web:

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